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Esa es la cuestión.
Ya podemos llamarles carroñeros. Nunca se debe caer en el defecto que los carroñeros lucen con euforia y satisfacción: criticarlo todo sin base, sin argumentos y oponerse a todo (como el del chiste ¿de qué se trata? Me opongo). Como una vecindona corralera, mucha gente ya “sabe” qué ha provocado el lamentable accidente y, gracias a su “sabiduría”, emiten juicio y culpan, sin tener en cuenta el efecto en los demás de esos juicios acelerados y por supuesto erróneos en el mejor de los casos, porque no son análisis, son opiniones. O simpatías, que es mucho peor. Porque el mismo derecho de todos a opinar, marca el deber de respetar la opinión, pero no hacerle caso, si no han conseguido pasar de opinión a documentación. Una cosa es denunciar a los cargos por hechos concretos probados y otra muy distinta acusarles de otros hechos sin probar. Y el derecho de sentir simpatía o antipatía por alguien, no da licencia para juzgarle, sin más.
Sin embargo ya alguno, muy atrevido, sí, pero muy en línea con su línea particular, ha llegado a calificar de “criminal” al gobierno y a miembros específicos. Así no ayuda, sin objetividad no se aclara, se confunde.
Y, sin embargo también, esos atrevidos deductores gratuitos, deciden ya culpas y castigos. Cuando hay varias teorías en marcha, ninguna despreciable todavía, ni siquiera las de injerencia o incluso la de boicot, lo menos que pueden hacer los demás es esperar para no hacer daño, ni a los acusados indebidamente, ni a quienes sufren la tragedia directamente, ni a la ciudadanía, que tiene derecho a saber por qué ha pasado y a exigir remedios, medidas para que nada así pueda repetirse.
Entre claras insinuaciones y acusaciones más claras, están quienes tienen detrás casos como los de Yak 42, Prestige, Metro de Valencia, Madrid Arena, residencias de ancianos, la DANA, en espera de terminar la instrucción para emitir juicio, que es como se debe hacer y para eso están los jueces; o Angrois, todos ellos casos orillados, disimulados, excusados o intentado excusar, no sin cierto éxito, casos que pretenden ocultar tras sus acusaciones todavía no probadas.
Si el interés de todos fuera el de apoyar a las víctimas, el de limitar todo lo posible el sufrimiento, la angustia y el dolor, todos habrían hecho como los aficionados del club de fútbol Vallecas, se habrían arremangado y se habrían sumado a los vecinos de los pueblos cercanos, en vez de lanzar improperios, en vez de lanzar mierda, en vez de utilizar a los fallecidos como una honda contra sus enemigos políticos, ellos, quienes tanto tienen que callar; o, continuar su campaña y dedicarse a insultar, como ha hecho Vox, demostrando qué poco le importa la desgracia de los demás y, cuanto le importa utilizarla al llamar “asesinos” a quienes todavía no están ni imputados ni entre posibles sospechosos.
En realidad en estos casos y por desgracia, suele primar el sacar rédito en interés político de cada uno, antes del deber de ayudar a remediar en lo posible y esclarecer, que no es acusar a nadie, simplemente porque milite en otro grupo.
Hay que pedir responsabilidades y soluciones, por supuesto, algo muy distinto a señalar culpables y condenas de antemano, maniobra tan mezquina como olvidarse Andalucía, como siempre, cuenta de un rosario interminable, pues, como siempre, el perjuicio mayor es para Andalucía. Aunque no todos sean iguales, estribillo creado para evadir la propia responsabilidad, sí hay una fatal e inevitable coincidencia entre la supuesta izquierda y la derecha: podemos recordar, porque está muy reciente, que el 25 de junio de este año 2026, el Congreso de los diputados discutió una propuesta de inversión del Gobierno, por importe de 671.061 millones de euros, con el fin de renovar trenes y modernización general, rechazada por los 176 votos del bloque de derecha recalcitrante, formado por PP, Vox y Junts. Para ahora, de forma más o menos discreta o descarada (o incluso desvergonzada), acusan de no invertir en mantenimiento.
Pero no acaba aquí: el Gobierno estudia renovar toda la infraestructura de AVE a Cataluña, la instalación más moderna, pero todavía no ha dicho una palabra de la de Andalucía, la más antigua. ¿Y quienes tienen el voto NO ya pegado en la mano de forma preventiva? N/S, N/C. Vamos, que Andalucía, como siempre, no pinta nada. Ni para unos, ni para otros. Y el caso de los que llevan en la muñeca la palabra “España” o pegada al paladar, por eso escupen más que hablan, ahora no tienen nada que decir, porque ese no es su objetivo. ¿Acaso no somos España? Pues que lo digan. Aunque sólo sea por esta vez, que no se excusen, que no intenten convencer lo contrario de lo demostrado; que digan la verdad.





