InicioOpiniónHablemos de tecnología

La luz que quiere jubilar al pinchazo

Xavier Pardell

· 6 min · Xavier Pardell

Taxos · lectura rápida

Entrada al análisis completo, no lo sustituye

Lo esencial

Un equipo de la Universidad de Cambridge ha desarrollado un espectrómetro óptico pequeño y económico que puede medir la glucosa en sangre sin necesidad de pincharse.

Por qué importa

Importa porque podría mejorar la calidad de vida de las personas con diabetes, evitando las molestias de los pinchazos frecuentes.

Qué ocurrió

Un equipo de la Universidad de Cambridge, junto a GlitterinTech, ha creado un espectrómetro óptico pequeño y económico que puede medir la glucosa en sangre sin necesidad de pincharse. Este dispositivo, que cuesta alrededor de diez dólares, ha demostrado ser preciso en diversas pruebas, incluyendo la medición de glucosa en condiciones que imitan las del cuerpo humano. Sin embargo, los investigadores admiten que se necesitan más ensayos para confirmar su eficacia como producto médico.

Entre líneas

El dispositivo ha sido probado durante un periodo prolongado en una sola persona, lo que sugiere que aún falta mucho camino por recorrer antes de que pueda ser utilizado de manera segura y efectiva por personas con diabetes. Además, la medición no invasiva de la glucosa ha sido anunciada como inminente durante décadas, pero hasta ahora no ha sido posible debido a las dificultades técnicas.

El contexto

En Andalucía, según el Plan Integral de Diabetes de la Junta, en 2024 había 844.524 personas con diabetes diagnosticada, casi uno de cada diez. Si se incluyen quienes la tienen sin saberlo, la cifra asciende al 15,3 % de los adultos.

El panorama

El desarrollo de este chip podría tener aplicaciones más inmediatas en la industria agroalimentaria, como en la cadena de producción de alimentos o en el control de calidad de productos.

Qué esperar

El artículo no menciona proximos pasos ni lo que viene.

Cómo afecta

En Andalucía, los sensores de glucosa que se pegan en el brazo y los sistemas automatizados de infusión de insulina forman parte de la sanidad pública desde hace años, mejorando la vida de muchas personas con diabetes.

La clave

El artículo termina preguntando si este chip de diez dólares terminará en un reloj o en una fábrica de harinas, sugiriendo que su aplicación más inmediata podría estar en la industria agroalimentaria.

Artículo completo

Un chip de la Universidad de Cambridge que cuesta unos diez dólares promete medir la glucosa sin agujas. Conviene mirarlo con ganas y con lupa.

Dentro de dos semanas, el 14 de noviembre, se celebra el Día Mundial de la Diabetes, y en Andalucía hay mucha gente a la que esa fecha le toca de cerca. Según el Plan Integral de Diabetes de la Junta, en 2024 había 844.524 andaluces con la enfermedad diagnosticada, casi uno de cada diez. Si se cuentan también quienes la tienen sin saberlo, los estudios epidemiológicos elevan la cifra al 15,3 % de los adultos. Detrás de esos números hay un gesto que se repite millones de veces al año: la lanceta, la gota sobre la tira, el número en la pantalla. Y un dedo que, con los años, acaba sembrado de puntitos.

Por eso me detuve en una noticia que corre estos días por las webs de ciencia. Un equipo de la Universidad de Cambridge, junto a GlitterinTech, una empresa nacida del mismo grupo de investigación, ha construido un espectrómetro óptico de pocos centímetros que cuesta alrededor de diez dólares. El trabajo se publicó este año en Nature Photonics, y la universidad acaba de difundirlo de nuevo con uno de esos titulares que se comparten solos: un laboratorio médico en la muñeca.

Un espectrómetro es, dicho en corto, un aparato que lee la luz. Cada sustancia absorbe unos colores y deja pasar otros, de modo que si iluminas algo y analizas qué longitudes de onda vuelven y cuáles se quedan por el camino, obtienes una especie de huella dactilar química. Los laboratorios y los hospitales usan estos equipos desde hace décadas, pero los buenos son grandes, caros y delicados. Cuando se encogen pierden precisión y acaban relegados a tareas modestas, como distinguir un plástico de otro.

Lo que han hecho en Cambridge es cambiar las matemáticas. En vez de separar la luz en sus componentes o reconstruir el espectro a base de cálculos pesados, colocan en fila una serie de diminutos elementos ópticos sobre un chip de nitruro de silicio y aplican directamente sobre la luz una operación llamada convolución. Después, una transformada de Fourier, la misma herramienta que reconstruye las imágenes de una resonancia magnética, devuelve el espectro limpio. El conjunto pide muy poca potencia de cálculo, tolera bien el ruido y mide en menos de un segundo, en el infrarrojo cercano, entre 1.200 y 1.700 nanómetros.

Los resultados de las pruebas llaman la atención. El chip identificó plásticos, medicamentos, café, harina y té sin un solo error. Midió concentraciones en disoluciones con una exactitud del orden del 0,01 %, por encima de algunos equipos comerciales de sobremesa. Siguió funcionando entre veinte grados bajo cero y ochenta sobre cero, un margen poco habitual en un aparato tan pequeño. Y en condiciones que imitaban las del cuerpo humano midió la hidratación de la piel, el alcohol, el lactato y la glucosa en sangre.

Aquí es donde levanto la ceja. La parte que más titulares ha generado, el seguimiento de la glucosa sin pinchar, se ha probado durante un periodo prolongado en una sola persona. Los propios investigadores admiten que hacen falta más ensayos antes de hablar de un producto médico. Una persona es una demostración, y está bien que lo sea. Pero entre una demostración y un dispositivo con el que un diabético pueda decidir cuánta insulina se pone hay un trecho largo.

Lo digo con conocimiento de causa. He pasado buena parte de mi vida entre equipos de electromedicina, y si algo aprendí es que la piel es un medio endiabladamente difícil de atravesar con luz. Dispersa, está llena de agua y cambia con el sudor, con la temperatura o con que la correa del reloj apriete un poco más de la cuenta. La señal de la glucosa en el infrarrojo es débil y se esconde bajo la del agua, y cada persona necesita su propia calibración. La medición no invasiva de la glucosa lleva décadas anunciándose como inminente; la han perseguido universidades y grandes tecnológicas con presupuestos enormes. Hasta hoy, la muñeca ha ganado todas las partidas.

Cuando escribí en estas páginas sobre el pulsioxímetro recordé que aquella pinza, que ahora cuesta lo que un par de cafés, tardó décadas en pasar del laboratorio al cajón de la farmacia. La tecnología médica suele moverse así. Primero llega el hallazgo, luego vienen años de ingeniería poco vistosa y de ensayos clínicos, y al final, cuando ya nadie lo celebra, el aparato aparece en la mesilla de noche.

¿Por qué me parece entonces una buena noticia? Porque el obstáculo que salva este chip es real. Meter un espectrómetro preciso en un dispositivo barato era inviable por coste y por tamaño, y esa barrera empieza a ceder. Lo más probable es que lo veamos antes lejos del cuerpo humano: en una cadena de producción que comprueba la composición de cada lote o en el control de calidad de los alimentos. No cuesta imaginarlo en una almazara o en una cooperativa que necesita saber, en segundos y sin mandar muestras a ningún sitio, qué tiene entre manos. En una tierra que vive del olivar, de la fresa y de la industria agroalimentaria, esa aplicación tiene más recorrido inmediato que el reloj milagroso. El profesor Qixiang Cheng, que dirige el proyecto, aspira a que analizar la química de las cosas resulte tan corriente como medir la temperatura o el movimiento. Me parece una ambición sensata.

Mientras tanto, conviene no perder de vista lo que ya funciona. Los sensores de glucosa que se pegan en el brazo, con un filamento finísimo bajo la piel que mide durante días, forman parte de la sanidad pública andaluza desde hace años. A finales de 2025 los usaban 58.486 personas en la comunidad, y el nuevo Plan Integral de Diabetes 2026-2030 prevé extender los sistemas automatizados de infusión de insulina. No son la muñeca mágica, pero han cambiado la vida de mucha gente que antes se pinchaba varias veces al día.

A quien lea esta noticia con el glucómetro en el bolsillo le diría que se alegre y que no tire todavía las tiras reactivas. Dentro de unos años sabremos si este chip de diez dólares terminó en un reloj o en una fábrica de harinas. A mí me valdría cualquiera de los dos destinos.

Comentarios

    Relacionadas

    La luz que quiere jubilar al pinchazo

    · 5 min · Xavier Pardell

    El freno que falta. Andalucía se digitaliza a toda prisa, pero se olvida de protegerse

    · 5 min · Xavier Pardell

    Andalucía acelera su transformación tecnológica con la primera Consejería de IA del país

    · 5 min · Xavier Pardell

    Artículos relacionados

    El freno que falta. Andalucía se digitaliza a toda prisa, pero se olvida de protegerse
    opinion·

    · 5 min · Xavier Pardell

    El freno que falta. Andalucía se digitaliza a toda prisa, pero se olvida de protegerse