José Pueyo Solís nació en Cantillana el 29 de julio de 1901. Hijo de José Pueyo Figueroa y Carmen Solís Márquez. Tenía cinco hermanos: Manuel, Elvira, Pastora, Asunción y Carmen, y vivían en la calle Esperanza, número 3 (actualmente el núm. 8 de la Avda. Andalucía). Le tocó hacer el servicio militar obligatorio en África, cuando los habitantes del Rif, liderados por Abd al-Krim, luchaban por su independencia de España. Era obrero del campo, como su padre y sus abuelos.
Junto a su casa, estaba el Centro Obrero, que todos los mayores recuerdan, revitalizado en 1930, a la vez que la Agrupación Socialista y la Asociación de Obreros Agricultores (FNTT-UGT). Llegó a tener 700 afiliados. José Pueyo, con 29 años, era un líder socialista indiscutible antes y durante la Segunda República. Había recibido la herencia de su padre José y su tío Antonio, que en 1919 formaron parte de la Junta Mixta de Patrono y Obreros, constituida en junio de ese año, debido a un telegrama, de fecha 13 de mayo de 1919, del Gobernador al Alcalde, para que creara la Junta de acuerdo al R.D. de 30 de abril. Ambos pertenecían entonces a la Asociación La Regeneración, creada en 1918, de tendencia socialista.[1] En esta herencia se incluye el gusto por la lectura. Fue un autodidacta que había crecido en un ambiente socialista.
Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 Cantillana dio la mayoría a las candidaturas monár-quicas, que obtuvieron 8 concejales, todos ellos miembros de la élite social y económica de la localidad por ser propietarios de tierras; de los candidatos socialistas y republicanos solo fueron elegidos 5. Estos concejales no tomaron posesión de sus cargos, pues las elecciones fueron anuladas por el Gobierno de la República por las protestas o alegaciones contra dichas elecciones en 69 municipios de la provincia de Sevilla. Se repitieron el 31 de mayo del mismo año. Entre ambas fechas, la Comisión Gestora de Cantillana la formaron los socialistas y republicanos, siendo presidida por José Pueyo Solís, el candidato socialista más votado en abril (299 votos). Con su nombramiento, Juan Arias Rivas dejaba de ser alcalde: lo era desde 1930 y había sido el primer candidato monárquico del 12 de abril. Comenzaba un tiempo de cambio, que propició la sustitución de la élite gobernante durante decenios por los alejados de todo poder local hasta ese momento.
El 1º de Mayo fue la gran fiesta obrera, que unió la alegría por el nuevo sistema político y las reivindica-ciones obreras. Fue también el Día del Abrazo Fraternal entre cantillaneros y villaverderos. Según El Liberal de Sevilla de 6/05/1931, en su página 3, «más de cuatro mil personas, presididas por la bandera de la Agrupación Socialista, recorriendo las callesmás céntricas. Al llegar a la Plaza, la manifestación hizo alto, dirigiéndole la palabra el presidente de la Agrupación, José Pueyo, y el compañero Manuel Barrera». De acuerdo con la Agrupación Socialista de Villaverde, dirigida por Baldolmero González Parrilla,[2] la manifestación continuó hacia «las afueras de la localidad, a un kilómetro del pueblo», a Los Pajares, donde se juntaron «con la manifestación obrera del citado pueblo; desbordándose el entusiasmo». Después de los abrazos de fraternidad algunos dirigentes políticos y sindicales de ambos pueblos se dirigieron a los participantes y «fueron cantadas la Marsellesa y el himno de Riego».
El 13 de mayo representantes de los patronos y de los obreros del campo de Cantillana firmaron las primeras bases de trabajo o convenio colectivo, como se llama ahora. Esta buena noticia fue recogida por El Noticiero Sevillano el día 20. En ellas fijaron los jornales según las actividades agrícolas (remolacha, siega, trilla, arado y otros trabajos), que oscilaban entre las 9 pesetas para actividades los regadores o alimentadores de las máquinas de trillar y las 5,25 pesetas para los aradores. El jornal para los trabajos no tarifados lo estipularon en 6 pesetas. Además de otros aspectos no menos importantes, recogía el pago de 3,50 pesetas en caso de crisis forzosa, por lluvia o calamidad pública, a cada uno de los obreros repartidos entre los patronos. Un hito en la historia sindical de Cantillana.
El día 31 de mayo, en las elecciones municipales, fueron elegidos 9 concejales del PSOE y 4 del PRR (Partido Republicano Radical). José Pueyo Solís se convirtió en Alcalde el día 8 de junio de 1931. Esta vez había obtenido 622 votos. Los otros concejales fueron: Manuel Quevedo Cisneros, Jesús Espinosa Fernández, Santiago Marroco Carrero, Manuel Lozano Hernández, Basilio Camacho Vázquez, Manuel Barrera Macías, Manuel Macías Cruz, Manuel Solís Borrego, Manuel González Fernández, Simplicio Lafuente Tirado, Manuel Palomo Daza y Benjamín Rodríguez Núñez. Los nueve primeros eran socialistas y los cuatro últimos, republicanos (IR-PRR). Todos los concejales socialistas eran obreros agrícolas, excepto uno que era droguero y fabricante de gaseosas; los cuatro republicanos eran pequeños propietarios o artesanos. Ninguno cobró nada del Ayuntamiento, salvo el cobro de viajes y dietas por parte del Alcalde, «porque es un obrero que no tiene otros medios de vida que el jornal, producto de su trabajo», tal como recoge el acta del pleno municipal.
La libertad tras la proclamación de la II República, daba sus frutos. Se enterraba la época del clientelismo y de sumisión caciquil, tal como había ocurrido en toda la España rural desde la implantación en 1876 del sistema canovista.
Desde su elección hasta septiembre de 1934, el trabajo municipal fue intenso y sus logros cuantificables. Las reuniones eran semanales, los sábados a las diez de la noche. Su actividad fue la propia de un Ayuntamiento democrático que practicó una política reformista, de carácter moderado, muy apegada a los problemas de los vecinos y los obreros del campo, sin rencor, ni revanchismo. De hecho Juan Arias Rivas y otros patronos agrícolas participaron en las comisiones de Colocación Obrera, de Laboreo forzoso, de la Décima Contributiva y el Jurado Mixto local, por ejemplo. Muy pronto tuvieron que nombrar a Blas Infante Pérez, como abogado del Ayuntamiento, con el que mantuvieron una estrecha relación: envío de documentos, reuniones, etc. para resolver contenciosos, representar al ayuntamiento y asesoramiento jurídico.
Entre los principales asuntos tratados en las reuniones del Ayuntamiento, que fueron objeto de debates y acuerdos, destacan: la aprobación de los presupuestos, que entre 1930 (110 792,52 ptas.) y 1936 (173 737,14) crecieron en un 56,81%; la beneficencia, con un gasto cada vez mayor, pues llegaron a estar inscritos casi 400 vecinos; la «crisis obrera», a la que más tiempo tuvieron que dedicar por la necesidad imperiosa de buscar soluciones (cobro de un arbitrio del 1,2% sobre productos recolectados de la tierra; el recargo de una décima a la contribuciones territoriales e industriales (la décima contributiva), que permitían los decretos de julio de 1931, para dar trabajo a los que lo necesitasen; la petición de un préstamo al INP y Cajas colaboradores de 240 000 ptas., que pudieron aprobar el diciembre de 1933; la petición, propuesta por la UGT provincial, que elevaron al Gobierno para poder realizar la distribución de obreros en proporción a las tierras que posean cada propietario agrícola, y la concesión de solares en Los Pajares y en La Fuente para obreros sin casa. Precisamente, por la situación de los obreros del campo, el 16 enero de 1932 se produce la dimisión de Manuel Barrera[3], Basilio Camacho, Manuel Solís, Manuel Macías y Jesús Espinosa, al considerar que hacían falta respuestas rápidas y eficaces. Fueron sustituidos, tras elecciones parciales, por tos socialistas Manuel Lozano Quevedo, José Ramos Rodríguez, Antonio Castaño Castaño, Antonio Tirado Santana y Manuel Corro Sánchez, obteniendo mas de mil votos.
Junto a la crisis obrera, la enseñanza fue otra cuestión muy importante, llegando a solicitar al Ministerio de Instrucción Pública la construcción de un Grupo Escolar de Escuelas graduadas, que reuniese a todos los alumnos y alumnas en doce unidades, con cuatro duchas, local de reconocimientos médicos, comedores y casa para el conserje. El proyecto fue aprobado por los Ministerios de Instrucción Pública y el de Hacienda con la concesión para su realización 192 000 ptas. Las 87 000 ptas restantes, necesarias para su construcción, las consiguieron gracias al préstamo de 240 000 pesetas. La distribución de este préstamo (149 000 pesetas para pavimentación de diversas calles por obreros en paro y 87 000 para la construcción del Grupo Escolar) fue sometida a referéndum el 6 de mayo de 1934, según bando municipal publicado en el BOP (Boletín Oficial de la Provincia) del día 13 de abril de dicho año. Este proyecto quedó paralizado en 1934 y no pudo concluirse en 1936. Se hizo realidad en Cantillana en 1963, casi treinta años después de cuando estaba previsto por José Pueyo y los concejales socialistas y republicanos.
El día 24 de septiembre de 1934, José Pueyo fue sustituido en la alcaldía por Manuel Sánchez Ortiz, alias Copete, que era corredor, y no había salido elegido en mayo de 1931. Pertenecía al PRR, ya bastante derechizado. Esta sustitución, impuesta por el Gobernador provincial, siguiendo las instrucciones del ministro Salazar Alonso (PRR), amigo de terratenientes, afectó a todos los pueblos con ayuntamientos de izquierdas, llevándose a cabo el mayor atentado posible contra la democracia que había traído la República: la destitución de los Ayuntamientos elegidos en 1931 y su sustitución por Corporaciones municipales del PRR, de la CEDA o del PAE. Todas las medidas y procesos democráticos emprendidos quedaron para-lizados. Esta operación de sustitución de los ayuntamiento comenzó en diciembre de 1933, tomó un fuerte impulso con Rafael Salazar Alonso como Ministro de la Gobernación desde marzo de 1934; se incrementó a partir de julio, a raíz de la huelga de junio, convocada por la UGT en el campo, y culminó con las destituciones realizadas tras el fracaso de la Huelga General Revolucionaria de octubre, que solo se llevó a cabo en Asturias. Estas actuaciones gubernamentales forman parte de las múltiples medidas llevadas a cabo entre 1933 y 1936 por los gobiernos del PRR, con apoyo de la CEDA, siendo llamado el «bienio negro» de la República.
En 1936 el Frente Popular no triunfó en Cantillana, pero el 20 de febrero de 1936 se produce la vuelta de José Pueyo Solís y todos concejales socialistas elegidos en 1931 y un concejal republicano, que solo asistirá a las primeras reuniones. Los otros tres concejales republicanos no se incorporaron a las tareas municipales. Entre dicha fecha y el 18 de julio, la actividad fue frenética: como si quisiesen recuperar un tiempo ya irrecuperable. El equipo municipal de José Pueyo reanudó su actividad con las mismas constantes anteriores y un fuerte deseo de dar respuesta al paro, la crisis obrera, haciéndose, a su vez, presentes los problemas por los que atravesaba la República en aquellos momentos, manifestándose un nuevo lenguaje, propio de las circunstancias que se vivían en toda España. Para colmo, las Hermandades de la Asunción y de la Pastora escondieron fuera de la iglesia las imágenes de ambas vírgenes: se manifestaron en contra y decidieron crear una comisión para hablar con el Gobernador, pues creaban una «alarma social innecesaria e injustificada». El 11 de julio tuvo lugar el último pleno del Ayuntamiento democrático de Cantillana, en el que tomaron importantes acuerdos que se quedaron sin realizar. Les tocaba hacerla el sábado 18 de julio, pero la suble-vación militar ya estaba en marcha… Ya no había tiempo para nada, solo era tiempo de actuar frente a lo que se les venía encima. Así, a pesar de los tímidos planes de defensa, puestos en marcha por el Comité Antifascista de Defensa de la República, el 30 de julio de 1936 la columna de la muerte de José Gutiérrez Pérez ocupa militarmente Cantillana, tras tres cañonazos desde El Cortijillo, a dos km del pueblo, y con una violencia extrema desde que entran en el pueblo, provocando la muerte de cinco vecinos en distintas calles, tres de ellos en la calle Esperanza (actual Avda. Andalucía), y un grupo, elegido al azar en el cuartel , fueron asesinados (ejecutados extrajudicialmente) por aplicación del Bando de Guerra en el Barranco.[4] Además, 200 cantillaneros eran convertidos en prisioneros, entre los que estaban José Pueyo Solís y su hermano Manuel.
A continuación, las «autoridades» ocupantes, «de las fuerzas que vienen a España, evitando la anarquía que venía existiendo», como se dice en el borrador de acta del 30 de julio, lo primero que hicieron, «por llamamiento patriótico del Jefe de las fuerzas…» fue nombrar a Juan Arias Rivas como nuevo Alcalde y como gestores a otros diez miembros de la tradicional élite cantillanera, que vuelve al poder municipal tras el paréntesis de la Segunda República, rompiendo todas las esperanzas puestas en ella por el pueblo español.
José Pueyo estuvo preso en la Administración de Consumo, uno de los locales habilitados, en la actual calle Egido para albergar a los presos del día 30 de julio, cuando la cárcel local y los locales de la CNT estaban ya llenos. Allí estuvo hasta la madrugada del día 5 de agosto. En la mañana de aquel día, su sobrina, Francisca Regalo Solís, la Frasca, fue a llevarle el desayuno, como en días anteriores. Al llegar a la cárcel fue informada que allí ya no estaba, que se lo habían llevado por la noche. Ya no se supo más de él: no existe acta de defunción en el Registro Civil de Cantillana, ni en ningún otro registro en el cementerio. Su nombre solo aparece en el Apéndice del Padrón de Habitantes de 1936, en la lista de difuntos de su Sección 1ª (Bajas) del AMC (Archivo Municipal), señalado con una cruz en el margen izquierdo, lo que atestigua que fue asesinado. Lo hicieron en las tapias del cementerio de Sevilla y enterrado, con toda probabilidad, en la fosa común Pico Reja, que llenaron de cadáveres de víctimas de la brutal y cruel represión desatada por Queipo de Llano y sus secuaces, a partir del 18 de julio de 1936, de Sevilla y pueblos de la provincia.
Su hermano Manuel fue asesinado también el 5 de agosto de 1936. José intercedió por su hermano, pero sus verdugos no solo no tuvieron en cuenta sus suplicas, sino que lo asesinaron antes que a él, ante sus propios ojos, rematándolo con tiro de gracia para causar el máximo dolor posible al que había sido hasta entonces el Alcalde de todos los cantillaneros, según comentarios oídos con posterioridad a los hechos. Sus restos han reposado en la fosa Pico Reja del cementerio sevillano, junto a los de su hermano, hasta 2022, año en el terminó la exhumación de dicha fosa. Solo queda esperar a su identificación, si esta se llegase a producir. Además de ellos, otros 65 (hombres y mujeres) fueron asesinados por el mismo procedimiento (Bando de Guerra), estando sus restos mortales en fosas de Sevilla, Alcalá del Río, Brenes, Tocina y otros lugares. La represión en Cantillana acabó en total con la vida de 84 personas.
José Pueyo sigue siendo recordado en Cantillana como un buen alcalde, que se preocupó por todos. Cuentan que era una gran persona, abnegada y entregada a su tarea pública, cercano a los trabajadores y vecinos, sin importarle posibles recompensas. En los días previos a la ocupación militar de Cantillana, me aseguran los que vivieron aquellos días, que «trató bien a los guardias civiles, los cuales decidieron quedarse en el cuartel sin salir, pero después se comportaron mal con él». No había posibles acusaciones, ningún derechista, ningún patrono habían sufrido malos tratos. Solo un forastero falangista, llegado a Cantillana antes del 18 de julio, había sido detenido y puesto en libertad por el Ayuntamiento el 30 de julio. No obstante, para los nuevos (viejos) jefes locales, usurpadores del poder municipal, José Pueyo había ido a Villanueva del Río por dinamita que serviría para volar el puente del Viar. Una acusación que nunca fue probada. Lo mataron por ser socialista, de izquierdas, como a tanto otros, y haber luchado a favor de la clase obrera como sindicalista y como Alcalde toda su vida. Aunque su asesinato se produjo hace 90 años, su ejemplo y su recuerdo debe permanecer para siempre y ser conocido por las nuevas generaciones.
Anexo:
Se considera, según las investigaciones realizadas, que en la fosa de Pico Reja se encuentran los restos mortales de 54 personas de la comarca de la Vega Media del Guadalquivir: 3 de Alcaĺá del Río: Vicente Bastante Olaya, Rafael González Arévalo y Manuel Zambrano González; 15 de La Algaba: Agustín Aguilera Ortega, Emilio y Federico de la Bandera Serero, José Bermudo Bermudo, Antonio Cabrera Agüera, Manuel Castaño Sanabria, José Clavijo Cabrera, José Antonio Cruz Tristán, Miguel Molina Romero, José Penedo Banda, José Antonio Prieto Rodríguez, Diego Romero Banda, Eduardo Seco Jiménez, Antonio Suero Serrano y Ramón Tabares Vega; 4 de Brenes: Dolores Molina Morón, Dolores Ocaña De La Cuadra, José Rodríguez Morón y Encarnación Rodríguez Roldan, secretaria del Sindicato de Aceituneras; 22 de Cantillana: Dolores “La Boleca”, Silveria Blanco González y su hijo Antonio López Blanco, Salvador Carrión Huerto, Francisco Cazorla García, Asunción Díaz Núñez, José Domínguez Rodríguez, Gonzalo Hurtado Manito y sus hijos Mariano y Salvador Hurtado Cabrera, Manuel Lozano Hernández (concejal), José Martínez García, José Montero Moriano, Joaquín Naranjo Rodríguez, Manuel de Jesús Núñez Palomar, Diego Orellana Terrón, José Pueyo Solís (Alcalde) y su hermano Manuel, Antonio Rodríguez Machuca, Dolores Sánchez Sánchez, Manuel Sarmiento Infantes y Manuel Solís Villalón; 9 de la Rinconada: Manuel Ferrero Plata, Antonio González Ruiz, Manuel Guerra Mellado, Antonio Martín Durán, Francisco José Mercado García, Enrique Molina Montoro, Manuel Pachón Fuentes, José Quintana Leal y Cristobal Rodríguez Castaño; y 1 de Tocina: Baldomero García Puyol, maestro.
Las demás victimas mortales de esta comarca, hasta un total de 504, se encuentran en otras fosas o en lugares conocidos o aún desconocidos.
[1]. Fue durante las movilizaciones y huelgas entre 1918-1920, en el llamado trienio bolchevique, cuando aparece el sindicalismo socialista de la UGT en el campo andaluz, puesto que hasta entonces la tendencia existente era solo la anarquista (DÍAZ DEL MORAL, Juan. Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, Capítulo 10: «El trienio bolchevique (1918-1920)».
[2]. Baldomero González Parrilla fue Alcalde de Villaverde del Río durante la República. Asesinado, junto a su hermano Manuel y otros villaverderos, en agosto de 1936 en Alcalá del Río, al igual que otros siete vecinos de Cantillana, dos de Alcalá del Río, dos de La Rinconada y una mujer de Castilblanco de los Arroyos. Esta fosa ha sido exhumada parcialmente en 2019, pudiéndose recuperar los esqueletos de 14 víctimas de la represión franquista, estando pendiente su identificación en base al ADN de sus familiares y la continuación de la exhumación. Faltan por localizar a otras 14 víctimas que no han aparecido en las exhumaciones reralizadas.
[3]. Manuel Barrera Macías,se convirtió en el líder de la CNT de Cantillana, en la que también participaron algunos de los otros dimisionarios. Era amigo de Pedro Vallina Martínez (Guadalcanal, 1879-Veracruz (México), 1970). Su madre era cantillanera. En 1923 había creado el Sanatorio Vida cerca de Cantillana para atender a los enfermos de tuberculosis de la provincia. Vivía allí en 1932. También vivía en el Sanatorio, reponiéndose de su enfermedad, Antonio Rosado López (1889-1978) que fue un destacado militante sindicalista, nacido en Morón de la Frontera, y era Secretario de la Federación del Campo de la CNT.
[4]. Aunque los cantillaneros hablan de 10 hombres que fueron llevados al Barranco, solo he podido identificar a 8 que fueron asesinados, uno de ellos uno que pudo escapar, aunque días después corrió la misma suerte junto a las tapias del cementerio de La Rinconada. Llamamos Bando de Guerra al bando dictado por Queipo de Llano al inicio de la represión militar en la provincia y en Andalucía.
FUENTES PRINCIPALES
- BARRAGÁN REINA, Ramón. CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. La brutal represión franquista en un pueblo sevillano, Ed. Muñoz Moya, Brenes, 2006, pp. 38, 55, 57-59, 62-64, 67, 71-75, 81, 84, 86, 92, 96, 103, 105, 116, 124-127, 136, 143, 146, 150, 165, 269, 272; y DE LA CLANDESTINIDAD A LA LIBERTAD CONQUISTADA. Antifranquismo y lucha obrera en la Vega Media del Guadalquivir, Ed. Círculo Rojo, El Egido-Almeria, 2014.
- AMC (Archivo Municipal de Cantillana) y ADPS (Archivo de la Diputación Provincias de Sevilla)
- MÁRQUEZ GARCÍA, José María, LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN MILITAR EN LA PROVINCIA DE SeVILLA (1936-1963), Aconcagua, Sevilla, 2012.




