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El cineasta francés Yann Samuell preestrena en España este lunes en la Sección Oficial del 32 Festival de Cine Francés de Málaga 'Compostelle', su último largometraje, protagonizado por Alexandra Lamy y Julien Le Berre y que plantea una reflexión sobre la forma en que la sociedad trata a los jóvenes que crecen en contextos de precariedad, exclusión o conflicto.
Tras superar el millón de espectadores en las salas francesas, la película llega a Málaga de la mano de su director, que presenta una historia sobre la vulnerabilidad, la confianza y la posibilidad de reconstruir una vida a través del encuentro con los demás, según ha informado la organización a través de una nota.
La presentación de 'Compostelle' supone también el reencuentro del trabajo del cineasta con el público del Festival de Cine Francés de Málaga, donde ya estuvo presente su primera película, 'Jeux d'enfants', estrenada en 2003.
En una entrevista concedida al equipo del festival unas horas antes de su presentación, Samuell ha recordado su paso por Málaga en su película debut: «Estoy muy feliz de estar aquí, muy, muy feliz. Mi primera película fue 'Jeux d'enfants'; estuvo aquí, lo recuerdo. Y estoy encantado de volver con una nueva película».
Samuell ha explicado el origen de un proyecto que nació de su interés por las llamadas 'marchas de reinserción', una iniciativa de acompañamiento a jóvenes en situaciones de dificultad que utiliza las caminatas de larga distancia como herramienta de transformación personal.
El director ha explicado que encontró la inspiración en una recopilación de testimonios de Bernard Ollivier, fundador de la asociación que impulsa estas experiencias. «Se me saltaron las lágrimas, de verdad lloraba leyéndolo y pensaba que tenía que contar esta historia como fuera», recuerda el director.
La película narra el encuentro entre Fred, una mujer que intenta reconciliarse con su pasado, y Adam, un adolescente marcado por la ira y el sentimiento de abandono.
Ambos emprenden juntos el Camino de Santiago gracias a una organización que ofrece a jóvenes en situaciones de vulnerabilidad la posibilidad de participar en una experiencia de acompañamiento. A lo largo del recorrido, los enfrentamientos iniciales dan paso a un vínculo inesperado que les permite descubrir nuevas formas de comprenderse a sí mismos y a los demás.
Para construir el relato, Samuell ha explicado que mantuvo numerosos encuentros con Bernard Ollivier, quien compartió con él experiencias, anécdotas y detalles sobre el funcionamiento de estas marchas y las emociones de quienes participan en ellas.
«Gracias a él pude sumergirme en la vivencia real, en la textura de lo que son estas marchas de ruptura», ha explicado el cineasta, que considera fundamental trasladar a la pantalla la dimensión humana de esta iniciativa.
Más allá del viaje físico, Samuell ha insistido en que la película «busca cuestionar los prejuicios que condicionan sus oportunidades y reivindicar la importancia de la confianza y el acompañamiento».
«No es solo un homenaje, sino sobre todo una mano tendida y una pregunta a la sociedad para plantearnos si etiquetamos a los jóvenes que tienen dificultades, que viven en la precariedad, como desechos de la sociedad, o si les damos la oportunidad de integrarse y levantarse», ha señalado el director.
Para Samuell, el lenguaje y las expectativas sociales pueden influir profundamente en la construcción de la identidad de los adolescentes: «Un joven al que le dicen durante toda su infancia; no vales nada, eres un delincuente, pues hará lo que se le pide. Y si alguien le dice que en realidad tiene valor y puede hacer algo extraordinario con su vida, también lo hará».
Esta perspectiva atraviesa una película que encuentra en el Camino de Santiago un espacio para cuestionar las etiquetas sociales y explorar la capacidad de transformación de las relaciones humanas.





