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Al Qaeda 25 años después del 11-S: un líder en la sombra, más enfocada en África pero aún una amenaza

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Lo esencial

El 11 de septiembre de 2001, Al Qaeda perpetró el mayor atentado terrorista de la historia, lo que desencadenó una guerra contra el terror liderada por Estados Unidos.

Por qué importa

Importa porque, aunque la amenaza de Al Qaeda no ha desaparecido, ha perdido relevancia en la jerarquía de amenazas para Estados Unidos y sus aliados, lo que podría permitirles actuar de nuevo por sorpresa.

Qué ocurrió

Veinticinco años después de los ataques del 11 de septiembre, Al Qaeda sigue activa pero ha cambiado su estructura y enfoque. Según expertos del Soufan Center, el grupo ha sobrevivido a la eliminación de su liderazgo original y se ha dispersado en redes y filiales, manteniendo una presencia significativa en varias regiones del mundo.

Entre líneas

Se puede leer entre líneas que, aunque Al Qaeda ha perdido relevancia en la jerarquía de amenazas para Estados Unidos y sus aliados, sigue siendo una amenaza activa y resiliente. La dispersión en redes y filiales, junto con la falta de un líder oficial declarado, sugiere una estructura descentralizada y adaptable, lo que dificulta su eliminación completa. Es la versión de los expertos del Soufan Center, no un hecho verificado de forma independiente.

El panorama

El grupo que fundó Usama bin Laden plantea una contradicción: por un lado, sigue siendo resiliente en términos de combatientes y operaciones, pero por otro, ha dejado de ser prioritaria en la jerarquía de amenazas para Estados Unidos y sus aliados.

Qué esperar

Los expertos advierten que la retirada de fondos para la lucha antiterrorista y la atención a otras amenazas, como la de China o el narcotráfico, podría permitir que Al Qaeda actúe de nuevo por sorpresa. La principal preocupación es que Estados Unidos esté desmantelando su memoria antiterrorista en un momento en que su adversario cuenta con ser olvidado.

La clave

La principal preocupación de los expertos es que la retirada de fondos por parte de la Administración de Donald Trump en lo relativo a la lucha antiterrorista y la investigación en esta materia y que se ponga el foco en otras amenazas como la que plantea China, pero también el narcotráfico o incluso el terrorismo de extrema izquierda, impida que se preste la atención que se merece a la amenaza que aún supone Al Qaeda.

Artículo completo

El 11 de septiembre de 2001 Al Qaeda llevó a cabo el que sigue siendo hasta la fecha el mayor atentado terrorista de la historia, desencadenando una «guerra contra el terror» abanderada por Estados Unidos que cambió para siempre la lucha antiterrorista. Veinticinco años después, la amenaza no ha desaparecido pero sí el foco sobre ella, algo que podrían aprovechar para dar nuevamente la «sorpresa», advierten los expertos.

Un cuarto de siglo después de los ataques, el grupo que fundó Usama bin Laden plantea «una cierta contradicción», sostienen Colin P. Clarke y Clara Broekaert, en la introducción al especial '25 años del 11-S' elaborado por Soufan Center, un centro fundado precisamente por Ali Soufan, antiguo agente del FBI y uno de los primeros expertos sobre Al Qaeda.

Por una parte, apuntan ambos expertos del Soufan Center, «si se mide por número de combatientes, territorio gobernado o tomado, operaciones ejecutadas, ingresos generados y alcance geográfico, sigue siendo resiliente» mientras que si se tiene en cuenta la posición de Al Qaeda «en la jerarquía más amplia de las amenazas a las que se enfrentan Estados Unidos y sus aliados, ha dejado de ser prioritaria».

Al Qaeda «ha sobrevivido a la eliminación de su generación fundadora», en referencia a la muerte primero de Usama bin Laden en 2011 en Pakistán y de su sucesor, Ayman al Zawahiri, en julio de 2022 en Afganistán en sendas operaciones de Estados Unidos, «dispersándose en redes o filiales», subrayan Clarke y Broekaert, y pese a 25 años de lucha antiterrorista y también de «rivalidad» con otros grupos yihadistas, como Estado Islámico, no ha desaparecido.

Es más, tal y como subraya el propio Ali Soufan en el prefacio del libro, cuando se produjo el 11-S contaba con «unos 400 hombres en armas, unas tres cuartas partes de ellos en Afganistán» mientras que la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) estima que ahora cuenta con «entre 15.000 y 28.000» milicianos en todo el mundo, a los que habría que sumar los entre 12.000 y 18.000 combatientes que tiene Estado Islámico y sus filiales.

Para Bruce Hoffman, uno de los principales expertos en terrorismo, actualmente importan más «las partes que el todo». «Ciertamente no es la misma organización que había el 11-S pero eso no significa que haya desaparecido completamente», sostiene en un 'webinar' con motivo del 25 aniversario del 11-S organizado por el Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington, incidiendo en que cuenta con «al menos dos decenas» de filiales en todo el mundo y advirtiendo de que la «métrica» para evaluar su amenaza no puede ser que no hayan perpetrado otro ataque de esta envergadura.

Actualmente, el «centro de gravedad» de Al Qaeda se encuentra en el África Subsahariana, que se ha convertido a nivel mundial en el «epicentro de las muertes atribuidas al terrorismo», con Al Shabaab, que opera en Somalia, como «la filial más fuerte» y el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), que actúa en el Sahel, como la más mortífera, resumen Clarke y Broukaert.

Ambos expertos advierten de que este traslado del centro de gravedad, antes situado en Afganistán y Oriente Próximo, «no puede interpretarse como que las futuras amenazas terroristas para Estados Unidos y sus aliados hayan disminuido».

De hecho, alertan que la amenaza también podría venir «de la periferia», y no solo de la matriz central de Al Qaeda o Estado Islámico, pese a que «las filiales locales están movidas por motivos más parroquianos que la yihad global que marcaba la agenda de Bin Laden». Por mucho que las filiales supongan ahora una amenaza nacional o regional, «eso no significa que no puedan convertirse en transnacionales en el futuro», añaden.

Es más, tal y como explica Colin Smith, coordinador del equipo del Consejo de Seguridad de la ONU encargado de dar seguimiento a las sanciones contra Al Qaeda y Estado Islámico, si algo ponen de manifiesto los informes que elabora este comité es que «las filiales no son pequeños grupos dispersos».

«Están trabajando juntos, están pensando juntos y están planificando juntos», advierte en el citado 'webinar', poniendo como ejemplo que los 15 millones de dólares por un rescate que cobró el año pasado JNIM sirvieron no solo para financiar sus actividades en Malí sino que también terminaron engrosando las arcas de otras filiales.

Al Qaeda afronta este 25 aniversario del que fue su atentado más célebre sin un líder oficial declarado, si bien tanto los expertos como el citado grupo de trabajo de la ONU dan por seguro que quien cogió las riendas tras la muerte de Al Zawahiri, histórico 'número dos' de Bin Laden, fue el también egipcio Saif al Adel, quien además se encontraría en Irán.

La supuesta presencia de Al Adel en Irán, país chií por antonomasia, explicaría, según algunos expertos que Al Qaeda no haya querido hacer oficial más de cuatro años que es él quien lídera este grupo terrorista suní, si bien en su informe de agosto el grupo de trabajo de la ONU, apunta a que el conflicto entre Washington y Teherán podría haberle empujado a intentar viajar a otro país, muy probablemente a Afganistán, donde gobiernan los talibán.

Con este egipcio, que entre otras cosas encabezó la escolta de Bin Laden, se ha apostado por un liderazgo efectivo que pueda sobrevivir a la desaparición de individuos concretos, por una «descentralización estructurada» sustentada en pequeñas unidades que aparecen y desaparecen y una mayor coordinación entre filiales, que intercambian fondos y experiencia.

En opinión de Sara Harmouch, fundadora de la consultora H9 Defense, «Al Adel no es solo más capaz que sus predecesores sino que ha llegado al poder en un momento excepcionalmente propicio para su estrategia». Según esta experta, el grupo es ahora «menos visible pero más cohesionado, más difícil de perturbar, y mejor posicionado para sostener una campaña larga».

La principal preocupación de los expertos es que la retirada de fondos por parte de la Administración de Donald Trump en lo relativo a la lucha antiterrorista y la investigación en esta materia y que se ponga el foco en otras amenazas como la que plantea China, pero también el narcotráfico o incluso el terrorismo de extrema izquierda, impida que se preste la atención que se merece a la amenaza que aún supone Al Qaeda.

En opinión de Aaron Y. Zelin, investigador del Washington Institute for Near East Policy, resulta una «ironía» que las «lecciones institucionales que se aprendieron del 11-S se estén desaprendiendo» y advierte de que «esto crea un mayor riesgo de ataques que cojan al país por sorpresa». «Estados Unidos está desmantelando su memoria antiterrorista en un momento en que su adversario cuenta con ser olvidado», alerta.

En la misma línea se expresa Martha Crenshaw, miembro emérita del Centro para la Seguridad y la Cooperación Internacional (CISAC) en una entrevista para la revista del Centro para Combatir el Terrorismo (CTC) de Westpoint. «Es imprescindible evitar la complacencia», advierte, subrayando que «la amenaza puede no haber sido eliminada aunque pueda haber sido contenida».

«En vísperas del 11-S no se obviaron las señales pero algunas informaciones importantes fueron pasadas por alto. Algunas piezas cruciales del puzzle no se colocaron a tiempo», recuerda, insistiendo en que «el peligro de la sorpresa sigue estando ahí», como demostró el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra Israel.

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