Es un acto muy noble y cuando es sincero ennoblece a quien lo pide. Porque equivocarse es de humanos, aunque algunas veces llegue a destiempo y se pida por algún mal no realizado por quien lo pide. Cuando se refiere a hechos pasados, en ocasiones hace siglos, la da a impresión de carecer de sentido, pero no es así. Demuestra, cuando es sincera, que el lugar o la institución que pide perdón, ya no es «aquella», porque se arrepiente de su pasado u quiere rectificar.
El Papa lo pidió por los crímenes del «Santo Oficio de la Inquisición». La Inquisición fue abolida en 1808, en 1813, resucitada por el rey felón, Fernando VII, vuelta a abolir en 1820 y definitivamente en 1834 por el gobierno moderado de la consorte María Cristina, «la reina gobernadora». Los papas y la Iglesia actual no se pueden ser responsables de aquellas atrocidades. Pero fueron hechas por un organismo de la Institución eclesiástica, cargado de poder, hasta con tribunal propio. Y la Iglesia que es inteligente, en algunos casos, este es uno de ellos, también es justa. Han pedido disculpas por algo que los actuales no hicieron, pero hicieron sus antepasados. Será, o no, su comportamiento habitual, pero sería innegable reconocerle el gesto.
Un gesto para ser copiado por muchos gobiernos por su pasado colonialista. Castilla llevó la civilización europea a América, pero a cambio destruyó las culturas autóctonas. De Inglaterra, Francia, Holanda o USA, por citar algunos, mejor no hablar. Tan destructivos que los habitantes legítimos del Norte fueron encerraron en reservas, como si en vez de personas se tratara de atractivos animales para parque zoológico, por su «rareza», consistente de ser más pacíficos que quienes los han encerrado y amantes de la naturaleza. O en África, dónde ahora empiezan los verdaderos movimientos de emancipación, con gran disgusto para Francia, Reino Unido y Estados Unidos, al ver peligrar la extracción de sus recursos. Por tanto, es de suponer que ni se planteen pedir perdón, pues se mantienen en su actitud colonialista. El cambio y la reparación estaría en colaborar a su desarrollo.
La Presidenta de México se ha enquistado la mujer en que España pida perdón. Y, ¿qué trabajo cuesta, si hay motivos para pedirlo? España no pierde nada y mantiene amigos que pueden ser muy necesarios, si son amigos, en vez de lucrarse con nuestras minas y envenenarnos el Guadalquivir. Que todo hay que decirlo. Pero en pura reciprocidad y acto de sinceridad, la señora Sheinbaum también debería pedir perdón a zacaltecas, toltecas, awacatecos, cochimís y otros, masacrados por los aztecas, razón por lo que se unieron a los castellanos para combatirlo y reclamarle a sus vecinos del norte, conquistadores de tres o cuatro veces la extensión del actual México y su trato a los aborígenes. Y para ser justos, no debería olvidar recordarle que si tanto interés tiene en expulsar a emigrantes, incluso aquellos ya integrados, que empiece por irse él mismo acompañado de toda la población blanca.
Pedir perdón por hechos pasados es un detalle de importancia, una sana costumbre. Pero difícil va a ser que Claudia Shienbaum obtenga esa mínima satisfacción si nos atenemos a los hechos: Todavía ningún gobierno español ha pedido disculpas por las consecuencias de la conquista de Andalucía palmo a palmo; de la entrega de su suelo a la nobleza, Iglesia y órdenes militares, conquistadoras y el subsiguiente abandono de agricultura y ganadería, para usarlo como coto de caza y obtener favores; por haber permitido los abusos de los terratenientes, en su mayoría de origen norteño, y protegerlos con lamentables desmanes del ejército y las sucesivas «fuerzas de orden público», creadas para dominar a los andaluces; por haber abandonado Andalucía durante siglos y hasta haberle expoliado minería, industria y banca y hundirla en la pobreza, y hasta haber malversado el tesoro de una cultura y un folklore milenarios para apropiársela una vez falseada y prostituida, y en la actualidad por continuar esa política de despojar Andalucía de sus riquezas con el fin de promocionar y enriquecer a otros, tanto dentro como fuera de la península ibérica.
Con semejante perspectiva, ya pueden esperar aunque se enfaden, los gobiernos mexicanos.








