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La berrea del ciervo ha entrado en su fase final en la Sierra de los Filabres (Almería), donde la población de estos animales se sitúa entre los 1.500 y los 2.000 ejemplares, de los que entre 1.000 y 1.500 se encuentran en los cotos ubicados en montes públicos que gestiona la Junta de Andalucía.
Las hembras predominan en esta población, con una relación de un macho por cada tres hembras, según ha informado la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente en una nota.
La actividad de la berrea ha sido baja al comienzo de esta temporada, «posiblemente por las altas temperaturas registradas a principios de septiembre», aunque las primeras lluvias y un ligero descenso térmico a mediados de mes han favorecido su recuperación hasta alcanzar «valores normales, análogos a temporadas pasadas».
Los episodios de precipitaciones han permitido que este comportamiento se prolongue hasta octubre, si bien actualmente se encuentra en una «fase final, con casi ausencia de berrea», aunque los machos todavía permanecen junto a los grupos de hembras.
El periodo de berrea comienza habitualmente durante los primeros días de septiembre y se extiende hasta principios de octubre, aunque las fechas varían según las condiciones meteorológicas, las zonas de la sierra y la disponibilidad de alimento. Su momento de mayor intensidad suele concentrarse desde el 14 o 15 hasta el 25 o 26 de septiembre, con diferencias entre las zonas de solana y umbría.
Las primeras lluvias después del verano favorecen la aparición de pastos frescos, lo que propicia que las ciervas comiencen a ovular y entren en celo. Los machos perciben las feromonas que liberan las hembras e intentan controlar los territorios donde se encuentran para poder reproducirse.
Esta situación da lugar a enfrentamientos entre los machos dominantes, en un proceso de selección natural en el que los ejemplares más fuertes consiguen transmitir sus genes a la siguiente generación. Los berridos característicos de la berrea constituyen una forma de defensa del territorio y una advertencia frente a otros machos que intentan disputarlo.
Durante este periodo, los ciervos machos soportan un estrés considerable y pueden perder muchos kilos de peso, ya que la defensa de sus territorios les deja en ocasiones poco tiempo para alimentarse. Algunos ejemplares llegan incluso a morir como consecuencia del agotamiento, las heridas sufridas en las peleas y otros factores.
Entre los enclaves de la Sierra de los Filabres que suelen registrar una mayor actividad durante septiembre figuran El Toril, La Merendera, Calar Alto, El Cortijo del Conde y Arroyo Berruga, aunque cualquier zona puede resultar adecuada si coincide con el periodo de celo.
Los montes públicos de titularidad autonómica de la Sierra de los Filabres abarcan más de 37.000 hectáreas repartidas entre 25 municipios y están gestionados por la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente a través de la agencia Amaya.
La gestión se desarrolla mediante un plan integral cuyo objetivo es «potenciar la conservación, uso y aprovechamiento de los montes, priorizando siempre la sostenibilidad ambiental, social y económica». Este modelo comprende los aprovechamientos de biomasa, madera, caza, pastos, plantas aromáticas, apicultura, recursos micológicos, actividades turístico-culturales y energía.
En el ámbito cinegético, el personal técnico y los guardas de caza de Amaya se encargan del seguimiento y los censos de especies cinegéticas y no cinegéticas, la mejora de hábitats, la toma de muestras para el control sanitario de las poblaciones y la vigilancia frente al furtivismo.
Asimismo, organizan monterías y batidas, recechos de ciervo, cabra montés y jabalí, aguardos de jabalí y jornadas de perdiz con reclamo macho. Estas actuaciones se desarrollan en los seis cotos de titularidad pública gestionados por la Consejería, que suman casi 22.000 hectáreas.
Durante septiembre, los guardas de caza refuerzan la vigilancia contra el furtivismo y los censos de ciervos, además de ejercer como guías en los recechos de esta especie.
En los recechos, acompañan a los cazadores agraciados en las subastas o sorteos públicos, los conducen hasta los lugares adecuados para la caza, seleccionan el ejemplar en función de la categoría asignada a cada participante y les prestan asistencia para realizar esta actividad «con garantía». La Junta ha previsto que, a lo largo de la actual temporada cinegética, pasen por la Sierra de los Filabres unos 500 cazadores.





