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Moviendo fichas

· 3 min · Strequiya

El recuento electoral del 17 de mayo sacude el tablero político nacional y también estatal. En un enroque inesperado del andalucismo, un peón se come el absolutismo del reyezuelo Moreno en Andalucía y pone en jaque su “vía andaluza” para la derecha en España. La izquierda andalucista se emancipa de la españolista que más que al ajedrez parece jugar al botón de valencia.

Pasadas las 24 horas desde el final del recuento electoral, quería hacer una modesta valoración de los resultados y de las reacciones del día después.
Lo primero es la desazón por la mayoría alcanzada por Don JuanMa Moreno -a pesar de los descalabros provocados por su gestión- y del apoyo a la vulgar sinrazón de la "prioridad nacional" de quienes no creen en la democracia y mucho menos en la nación andaluza o en su Soberanía. Pero por poco que me guste, no me sorprende. Como tampoco me gusta ni me sorprende que lo primero que hizo el presidente Moreno ayer por la mañana fue irse a Madrid —según informa La Ser— suponemos que a dejar patente por quiénes y desde dónde se deciden los designios de Andalucía.

El batacazo de Doña María Jesús Montero parece no escocer demasiado en el PSOE, ni a nivel nacional ni a nivel estatal. Cualquiera diría que —más que contentarse— están contentos con el resultado. Quién sabe si porque tienen las miras puestas en cómo esto les podría beneficiar en unas estatales: dejar que te coman la reina para esquivar un jaque al rey.

La izquierda españolista —sin embargo— sí que ha acusado el golpe de los resultados electorales, pero en la misma clave estatal que el PSOE. Ya se han oído voces en Madrid en pos de reformular el proyecto para evitar unos resultados parecidos en las próximas elecciones. No creo que se trate de fórmulas y refórmulas. Las naciones del Estado estamos llegando a la conclusión de que no necesitamos a nadie en Madrid que interceda por nosotras, mucho menos a quien lleva décadas errando el tiro. Las gentes andaluzas de izquierda preferimos entendernos con las vascas, las catalanas y las extremeñas —por poner— sin necesidad de intermediarios; queremos llegar a Bilbao desde Almería sin tener que pasar por Madrid. Más vale que la izquierda estatal se ponga las pilas y se deje de cuitas cortesanas.

Apena también que dos de las candidaturas andalucistas (Andalucistas y Nación Andaluza) se hayan quedado sin representación parlamentaria, a pesar de un nada desdeñable resultado, sobre todo teniendo en cuenta el ninguneo mediático al que se les ha sometido. Pero la gran ilusión ha sido el apoyo logrado por Adelante Andalucía, que ha cuadruplicado su número de escaños, incluyendo a representantes de seis de las ocho provincias, entre ellas cinco mujeres. Valoro enormemente el reconocimiento expreso del líder de Adelante Andalucía —Don José Ignacio García— a sus bases, sus voluntarios y su militancia y a un "trabajo de hormiguita" de años, más allá del producto exclusivo —dicho sea de paso— de una excelente campaña.
No puedo cerrar esta valoración sin destacar el espectacular aumento de la participación y la implicación del electorado, que ha hecho que los partidos hegemónicos suban en votos, pero bajen en escaños. Interpreto este dato como una movilización del andalucismo que —de otro modo— se habría quedado en la abstención y beneficiado a los de siempre.

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