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Los partidos árabe-israelíes, dispuestos a ayudar a la oposición a desbancar a Netanyahu si les dejan

Redacción

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Lo esencial

El bloque opositor liderado por Eisenkot no quiere el apoyo de los partidos árabes, incluso externo.

Por qué importa

Importa porque la participación de los árabes-israelíes puede ser crucial para formar un nuevo gobierno en Israel, y su apoyo o abstención podría decidir el resultado de las elecciones.

Qué ocurrió

El ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023 amplió la brecha entre israelíes y árabes-israelíes, quienes ahora podrían tener la llave para el gobierno. Los partidos árabes-israelíes están dispuestos a apoyar a la oposición para desbancar a Netanyahu, pero el bloque opositor liderado por Eisenkot se muestra reticente a aceptar su apoyo.

Entre líneas

El bloque opositor liderado por Eisenkot y la alianza de Bennet y Lapid no quieren el apoyo de los partidos árabes, lo que sugiere una reticencia histórica a compartir el poder con ellos. Esta reticencia se ha convertido en un consenso político desde el ataque de Hamás.

El contexto

En 2015, la creación de la Lista Conjunta agrupó a todos los partidos árabe-israelíes y la izquierda judeo-árabe para superar el umbral electoral, obteniendo 13 escaños. En 2020, con una alta participación, obtuvieron 15 escaños. En 2021, la Lista Árabe Unida se separó y formó parte de una coalición que duró pocos meses, lo que llevó a nuevas elecciones en 2022 donde Netanyahu ganó con un gobierno de extrema derecha.

El panorama

La fragmentación política en Israel es un patrón recurrente, con más de una decena de listas obteniendo representación en el Parlamento. La movilización del electorado árabe-israelí, que constituye el 20% de la población, será crucial en estas elecciones.

Qué esperar

Los sondeos indican que la participación del electorado árabe-israelí podría superar el 70%, lo que podría dar entre 13 y 15 escaños a los partidos árabes. Sin embargo, la oposición liderada por Eisenkot no parece dispuesta a aceptar su apoyo.

La clave

La Lista Árabe Unida se muestra dispuesta a apoyar a un gobierno de la oposición que acepte sus demandas, mientras que la Lista Conjunta no se plantea entrar en la futura coalición. La Lista Árabe Unida ya formó parte de un gobierno en 2021 y su líder, Mansur Abbas, no descarta repetir la experiencia.

Artículo completo

El bloque opositor que lidera Eisenkot se muestra reticente a un apoyo árabe, incluso externo

TEL AVIV, 25 Oct. (De la enviada especial de EUROPA PRESS, Leyre Guijo) -

El ataque perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023 supuso un mazazo difícil de digerir para los israelíes y si algo hizo fue ampliar la ya tradicional brecha con un sector de la sociedad que ya era de por sí ignorado: los árabe-israelíes, a quienes se ha demonizado y tratado de equiparar con los terroristas. Paradójicamente, sus partidos podrían tener la llave para el gobierno que resulte de las elecciones de este 27 de octubre y están dispuestos a dársela a la oposición para desbancar al primer ministro, Benjamin Netanyahu.

En un Parlamento tan fragmentado como el israelí, donde tradicionalmente han obtenido representación más de una decena de listas, el nivel de movilización de este grupo será crucial, ya que constituyen el 20% de la población (unos 2,15 millones) y el 17% del electorado, si bien tradicionalmente su participación ha sido inferior a la de los judío-israelíes. Así, en los últimos comicios se quedó en el 53% frente al 70,6% de participación total.

La creación de la Lista Conjunta, que agrupó a todos los partidos árabe-israelíes (junto con la izquierda judeo-árabe) en 2015 para intentar de este modo superar el umbral electoral que en 2014 se elevó al 3,25%, supuso un revulsivo para este colectivo, obteniendo en los comicios de ese año 13 escaños y erigiéndose como la tercera fuerza en la Knesset. En 2020, gracias a una participación del electorado árabe-israelí alrededor del 65%, obtuvieron su mejor resultado, con 15 escaños.

Sin embargo, en 2021, la Lista Árabe Unida (Raam) que encabeza Mansur Abbas abandonó la alianza por diferencias ideológicas, entrando a continuación a formar parte de la llamada 'coalición del cambio' liderada por Naftali Bennett y Yair Lapid que apenas duró unos meses, desembocando en las elecciones de 2022 en las que se impuso Netanyahu al frente de lo que constituye el Gobierno más a la derecha que ha tenido el país. Entonces, la fragmentación hizo que la Lista Árabe Unida y lo que quedaba de la Lista Conjunta (Hadash y Taal) obtuvieran solo cinco escaños, mientras que Balad, que rompió con ellos, se quedó fuera.

En esta ocasión, los sondeos auguran un resultado mejor para las dos opciones electorales de los árabe-israelíes, la Lista Conjunta, que nuevamente vuelve a agrupar a Hadash, Taal y Balad, y la Lista Árabe Unida. Ambas podrían hacerse con entre 13 y 15 escaños en total, gracias, según los pronósticos a que la participación de este colectivo podría dispararse incluso por encima del 70%.

Sin embargo, pese a la necesidad de sumar todos los apoyos posibles no parece que el bloque de oposición que se ha conformado contra Netanyahu y que tiene al frente al ex jefe del Ejército israelí Gadi Eisenkot y su partido Yashar (Recto, centro-derecha) esté dispuesto a dar ese paso.

«No quiero el apoyo de los partidos árabes y no les pido que me apoyen», recalcó en una entrevista en 'Times of Israel', asegurando que si no alcanza la mayoría de 61 escaños necesaria someterá su partido a la confianza de la Knesset y pedirá tanto al Likud de Netanyahu como a todos los partidos sionistas que le apoyen. «Creo que no es descartable que al menos un partido ultraortodoxo se desmarque y se abstenga estratégicamente», agregó, contando así con que haya una ruptura en el bloque del primer ministro.

Desde Juntos, la alianza que lideran Naftalí Bennet (derecha) y Yair Lapid (centro) y a la que los sondeos sitúan como tercera fuerza , tampoco se ve con buenos ojos esta posibilidad. «Estamos luchando para llegar a los 61 escaños sin mirar a los extremos de uno y otro lado», asegura Eitan Ginzburg, candidato a la Knesset por esta lista, en un encuentro con periodistas organizado por Fuente Latina, descartando así recabar el apoyo, aunque sea externo, ni de árabe-israelíes ni de ultraortodoxos.

«Esta reticencia a compartir el poder con los árabes no es nueva, pero se ha convertido en una cuestión de consenso político desde el 7 de octubre de 2023», subrayan desde el 'think-tank' Crisis Group, incidiendo en cómo Netanyahu ha puesto el foco en que sus rivales solo conseguirán desbancarle si se unen con los árabe-israelíes, recurriendo al «prejuicio anti-árabe para alarmar a los votantes» y deslegitimar cualquier opción de acuerdo por parte de la oposición.

Por su parte, los dos partidos árabe-israelíes también tienen posturas diferenciadas. Mientras la Lista Árabe Unida de Mansur se muestra más pragmática y dispuesta a apoyar un Gobierno de la oposición que acepte sus demandas, entrando incluso a formar parte del mismo, la Lista Conjunta no se plantea en ningún caso entrar en la futura coalición.

Mansur, cuyo partido ya sabe lo que es formar parte de un Gobierno al haber participado en la coalición del cambio que lideraron Bennet y Lapid en 2021, de la que fue incluso ministro, y que ha incorporado en sus filas al antiguo jefe de la Policía israelí Yoav Segalovitz, ya ha dicho que no descarta repetir experiencia.

«Hemos llegado a la conclusión de que la representación parlamentaria no es suficiente para servir a la sociedad árabe», explicó recientemente a la BBC. Por eso, «hemos decidido asumir la responsabilidad de convertirnos en parte de la solución a nuestros problemas y ofrecer esperanza, tanto a árabes como a judíos», añadió.

Desde la Lista Conjunta su director de campaña, Mauricio Lapchik, asegura que harán «todo lo posible para evitar la vuelta de Netanyahu», apuntando esencialmente a la posibilidad de un apoyo externo a una coalición de Gobierno de la oposición o de una posible abstención cuando se vote la confianza en la Knesset. Los árabe-israelíes, subraya, «son una fuerza política imposible de ignorar» en estos comicios pero todo dependerá de lo que quieran los líderes de la oposición: «la pelota está en su tejado».

En un encuentro organizado por Fuente Latina, advierte sin embargo de que ese apoyo «no será gratis» y apunta como exigencias esencialmente que se atienda el problema del crimen organizado en las ciudades árabe israelíes, que el Gobierno saliente ha obviado, pero sobre todo que «se frene» la violencia contra los palestinos en Cisjordania a manos de colonos y apoyada, según él, por el bloque de Netanyahu.

Así las cosas, el único socio de Eisenkot que no duda en defender la participación de un partido árabe-israelí en el próximo Gobierno son Los Demócratas, donde se engloba lo que queda del histórico Partido Laborista y Meretz (izquierda). A juicio de Tomer Avital, que va en su lista, el líder de la Lista Árabe Unida «es el árabe que hemos estado esperando» porque «está en contra de la violencia y a favor de un Estado judío». Por eso, confía en que al final sus socios terminen aceptando que su participación es «lo moralmente correcto».

Para el profesor Alberto Spectorovsky la entrada del partido de Mansur Abbas en el Gobierno sería «excepcional a nivel internacional para Israel ya que habría una coalición de derecha pero con un partido árabe y un partido de izquierda potable». «Desde el punto de vista de la imagen es sustancial», defiende este experto, aunque en la práctica no haya un cambio radical desde el punto de vista político. Eisenkot ha dicho que no quiere pero «no hay otras opciones», incide.

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