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Quiero creerlo (pero llevo demasiados años viendo promesas)
Llevo en esto de seguir la actualidad tecnológica en Andalucía el tiempo suficiente para que mi entusiasmo natural tenga un freno de mano incorporado. Se lo aseguro: no es cinismo, es supervivencia profesional. He visto planes estratégicos que se quedaron en estanterías, inauguraciones de parques tecnológicos que luego parecían desiertos, y anuncios de "hub del sur" que terminaron siendo oficinas con muy poca vida dentro.
Así que cuando leo que este agosto de 2026 Andalucía ha creado la primera Consejería de Inteligencia Artificial del país, que hay más de 40 millones de euros en nuevos proyectos, que Málaga tendrá un hub de semiconductores vinculado a IMEC y que la Cartuja se convertirá en un laboratorio urbano con transporte autónomo... mi cabeza hace dos cosas a la vez. Una parte se ilusiona de verdad. La otra, la que tiene cicatrices, levanta una ceja y piensa: "Ya, ya lo veremos".
Empecemos por lo que, esta vez, sí parece distinto. La nueva Consejería de IA, Desarrollo Digital y Administración Pública no es un departamento más en el organigrama. Que José Antonio Nieto y su equipo hablen de estrategia "transversal" y no de "experiencias aisladas" es una distinción importante. En el pasado, demasiadas veces la tecnología se trató como un tema sectorial, algo que tocaba a unos pocos ingenieros en una oficina alejada de las decisiones reales. Ahora la apuesta es que la IA impregne todo: la administración, el reto demográfico, la generación de empleo. Si de verdad se cumple, el cambio de paradigma es enorme.
Pero ahí está el "si". Porque bonito es sobre el papel.
Luego está Sevilla TechPark y esos 19,8 millones para la Cartuja. Confieso que cuando leí lo del transporte autónomo me emocioné. La idea de ver vehículos sin conductor circulando por el entorno de la Cartuja en 2027 suena a futuro, y a un futuro que queremos para nuestra tierra. Pero también recuerdo otros proyectos que empezaron con la misma euforia y luego se perdieron en la burocracia, en los cambios de gobierno, en la falta de continuidad. El cronograma es ajustadísimo: ofertas a finales de septiembre, ejecución antes de que acabe el año, pruebas piloto en 2027. O se mueven de verdad, o esto se queda en otro anuncio más.
En Málaga, por lo menos, hay algo concreto. El hub "Núcleo" ya ha empezado a funcionar. Y que esté vinculado a IMEC —el centro belga que es referencia mundial en semiconductores— no es poco. Esto no es una alianza con una consultora cualquiera, es sentarse a la mesa de los grandes. Si Málaga logra consolidarse como un nodo europeo en microelectrónica, estaríamos hablando de un cambio de modelo para toda la región. Pero de nuevo: atraer talento, convencer a empresas de que se instalen aquí, generar un ecosistema que se sostenga por sí mismo... todo eso lleva tiempo, paciencia y, sobre todo, constancia. Y la constancia ha sido históricamente lo que más nos ha faltado.
Me gustan los 9 millones para los catorce clusters de innovación. Me gusta que se organicen en verticales claras: IA, aeroespacial, energías renovables. Me gusta que piensen en ayudar a las empresas a acceder a fondos europeos. Pero también sé que los clusters funcionan cuando hay tejido empresarial detrás que realmente colabora, no cuando son meras asociaciones de papel que se reúnen una vez al trimestre para tomar un café. Veremos si esta vez la química se produce.
Lo que menos dudas me merece, curiosamente, es lo más cotidiano: la transformación de la administración pública. Esos 8,5 millones para el Puesto Digital Único pueden sonar poco espectaculares al lado de los semiconductores o los coches autónomos, pero son lo que los ciudadanos realmente notaremos. Que una ayuda pública deje de tardar meses, que un funcionario no pase su jornada revisando papeles repetitivos... eso sí es tecnología al servicio de la gente. Y aquí, debo decir, ya se ven algunos resultados. Las convocatorias masivas empiezan a agilizarse. No es ciencia ficción, es gestión bien hecha.
Y luego está la historia de CVGLASS en Granada, esa empresa que lleva años haciendo vidrio y que ahora moderniza sus líneas con tecnología automatizada. Me gusta esta noticia porque la innovación no es solo para jóvenes emprendedores con gorras y sudaderas. También es para esas empresas tradicionales que han dado trabajo a generaciones de andaluces y que ahora deciden dar el salto. Esa, queridos lectores, es la innovación que realmente transforma un territorio desde abajo.
Así que, ¿qué pienso realmente? Pues que quiero creérmelo. De verdad que quiero. Andalucía tiene talento sobrado, tiene universidades que investigan a buen nivel, tiene una calidad de vida que atrae a cualquiera que pueda trabajar en remoto, tiene una posición geográfica estratégica. Lo que históricamente nos ha faltado es visión a largo plazo, continuidad política y ejecución real.
Esta vez, los ingredientes están sobre la mesa. Hay una estructura institucional nueva, hay dinero —no mucho, pero dinero, al fin y al cabo—, hay proyectos concretos con fechas. También hay, y no lo olvidemos, una presión europea que empuja hacia la digitalización y la sostenibilidad.
Pero mi escepticismo, ese que me he ganado a pulso durante años, me dice que lo difícil no es anunciar. Lo difícil es cumplir. Lo difícil es que cuando pase el ruido mediático de estos días, los proyectos sigan avanzando, aunque los titulares desaparezcan. Lo difícil es que la nueva Consejería de IA realmente sea transversal y no se convierta en una isla dentro de la Junta. Lo difícil es que el talento joven que hoy se va a Madrid o a Barcelona decida quedarse, o volver.
Quiero creer que esta vez es distinto. Quiero escribir dentro de un año una columna celebrando que los primeros coches autónomos circulan por la Cartuja, que el hub de Málaga ya tiene empresas instaladas, que los clusters están generando colaboraciones reales. Quiero poder decirle a esa parte escéptica de mí mismo: "Ves, te equivocaste".
Pero por ahora, y con todo el cariño y la esperanza del mundo, prefiero reservarme el juicio. Los anuncios se olvidan. Los resultados, no.
Estemos atentos. El próximo año, o el que viene, sabremos si el sur realmente despertó... o si volvimos a quedarnos en el sueño.





