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Esto no ocurrió, pero podría haber ocurrido

· 5 min · IRR-2 · antonioduran

El drama de este país nuestro llamado España es que lo que a continuación leerás no llegó a ocurrir, pero podría haber ocurrido. Resulta que desperté con una pregunta molesta: ¿Habría caminado España en otra dirección si lo que no ocurrió pudiese haber ocurrido?

Pues vamos a ello.

La Institución Libre de Enseñanza dio tanta fecundidad artística y pedagógica en su corta existencia, ya que fue cercenada en 1939 tras el triunfo del bando sublevado que dio aquel golpe de Estado al régimen democrático establecido en 1931 y, como consecuencia de ello, facilitó que D. Gregorio, el maestro de «La lengua de las mariposas» no pudiese ver cumplida su tarea en aquella frase lapidaria: «Si conseguimos que una generación, una sola generación, crezca libre en España, ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad. Nadie les podrá robar ese tesoro» ni que el maestro Antonio Benaiges hubiese cumplido su promesa de llevar a sus alumnos a ver el mar. Podría haber ocurrido, pero lo que ocurrió fue que el dogmatismo religioso, que aún impera en la actualidad, le ganó la batalla al laicismo. Quizás nuestro amado y admirado Federico García Lorca hubiese muerto siendo un anciano feliz mientras escribía y escribía y hubiese vivido con orgullo su orientación sexual durante una larga existencia.

Alguien podrá decir que esas secuencias sí ocurrieron, efectivamente, sucedieron, pero en el cine, no en nuestro día a día, o sea, en nuestra realidad cotidiana. Y es que en este país le damos más credibilidad a lo que se dice en la ficción que lo que dice la memoria histórica. Quizás sea porque la razón de esa memoria también fue mutilada y cercenada, entonces la ciudadanía navega perdida en la oscuridad como un barco sin encontrar faro donde atracar. Hartos estamos de oír: «pues si lo ha dicho la televisión (y/o actualmente el tertuliano o tertuliana de turno) eso va a misa» —nunca mejor dicho— (el mayor dogma de fe existente). ¡Es lo que hay en este país tan católico, apostólico y romano!

Pero mi interés por intentar visualizar lo que podría haber ocurrido me trasladó a otra cuestión: ¿Y si al Dragón Rapide le hubiesen fallado los motores como le ocurrió al avión que trasladaba a Sanjurjo? Mi opinión me llevó a que quizás en esta España nuestra podría haberse desarrollado y haber llegado a ser adulto el espíritu de la Constitución de 1931; entonces las españolas y españoles hubiésemos estado amparados en su articulado o, lo que es lo mismo, hubiésemos habitado una España regida por un régimen democrático de trabajadores de toda clase que se organizan en régimen de libertad y de justicia, donde los poderes de todos los órganos emanaban del pueblo. Y viviríamos en un país donde no habría religión oficial, aunque sí se pudiese practicar la religiosidad de cada cual, y un país que renunciaba a la guerra como instrumento de su política nacional, o incluso habríamos vivido en una España en que se habrían prohibido los títulos nobiliarios, que marcan diferencias sociales de cuna y nos situaban a todas y todos en un mayor clima de igualdad social. O si hubiese triunfado y establecido la Reforma Agraria… O sea que habríamos practicado en primera persona aquel: amaos los unos a los otros y no aquel: armaos los unos contra los otros. O lo que es lo mismo: no habrían existido los paredones ni los paseíllos ni mujeres rapadas ni los refugios en la sombra de los miedos, no habríamos estado condenados a mirarnos de reojo durante más de treinta y un mil días, que ¡son muchos días y muchas noches!

Y acercándome más a mi contemporaneidad, o sea, a mi propia existencia, me surgió otra cuestionada cuestión sobre algo que SÍ OCURRIÓ PERO QUE NO DEBERÍA HABER OCURRIDO: ¿Hubiese cambiado la trayectoria política de este país si el elector/electora progresista se hubiese percatado de lo que tejieron y, sabiamente, ocultaron los trileros Felipe González y su escudero Alfonso Guerra, como los principales y auténticos artífices de la perpetuación en el poder del establishment económico, institucional y mediático preexistente a la muerte del dictador? (Esos nombres pueden ser cambiados por organizaciones actuales: PSOE, PP). En verdad, de antemano, sé que los electores/as lo tenían muy difícil porque resulta que la sombra de Cánovas y Sagasta fue más larga que la del ciprés. El turnismo volvió a institucionalizarse y los medios de comunicación dejaron de ser notarios de la realidad y pasaron a ser hechiceros de ella, y el pueblo llano a quedar atrapado en esa estrategia. La consecuencia de ello es que lo que sí ocurrió y no debería haber ocurrido fue la existencia de ese tapón que impidió que no pudiese acaecer, ni siquiera como hipótesis, un posible cambio real, porque los que mueven los hilos de este guiñol no estaban interesados en que las ideas de aquella Constitución de 1931 y las ideas y los pensamientos de Eduardo Galeano sobre la utopía arraigasen por siempre en esta tierra de la alegría que es nuestra España y que impidiese que todas y todos gritásemos: ¡Viva la utopía Y aquella Constitución!

Pero tal vez algún día sí se podrá cumplir y ocurrir que «la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse bien pegaditas espalda contra espalda, y que la comida no será una mercancía ni la comunicación ni la vivienda un negocio porque la comida, la vivienda y la comunicación son derechos humanos» (lo dice la utopía y lo deberíamos decir todas y todos).

En caso de que hayas leído este articulo: «Si mañana no regreso, quémalo todo», o «si me ves, no se lo digas a nadie», por si acaso, como recomendó Bernardo Fuster.

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