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Con motivo del Día Mundial de la Arquitectura, la Universidad de Huelva ha recibido este lunes la distinción otorgada por Docomomo al edificio administrativo del Rectorado, un reconocimiento que pone en valor el interés arquitectónico de una construcción proyectada en 1969 por el arquitecto Rodolfo García-Pablos y que, pese a las transformaciones experimentadas a lo largo de las décadas, conservó buena parte de los principios que guiaron su diseño original.
Según ha indicado la Onubense en una nota deprensa, el acto ha contado con la participación del rector de la Universidad de Huelva, José Rodríguez, y del decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Huelva, Francisco Rodríguez Pantoja, además del arquitecto Cayetano Campero, coordinador de Docomomo en Huelva, quien explicó los motivos que llevaron a seleccionar el inmueble para esta distinción.
El rector de la UHU destacó el orgullo de la institución por el reconocimiento recibido y subrayó el valor de un edificio concebido desde su origen para responder a una función concreta. Rodríguez puso el acento en «una arquitectura al servicio de las personas y de la actividad profesional, y señaló el carácter atemporal de una construcción que, décadas después de su proyecto, había mantenido elementos que continuaban vinculándose a tendencias arquitectónicas contemporáneas».
La elección del inmueble estuvo vinculada a sus características arquitectónicas y a la capacidad de su diseño para integrar diferentes usos en una misma composición. Según explicó Cayetano Campero, el proyecto de García-Pablos había partido de un planteamiento más amplio para una manzana en la que se contemplaban distintos equipamientos, entre ellos una residencia de estudiantes, la Escuela Normal y el Colegio Nacional de Prácticas, además de otras instalaciones que finalmente no llegaron a ejecutarse.
La complejidad del programa y de la propia topografía del terreno llevó al arquitecto a articular el conjunto mediante diferentes accesos y volúmenes. La Escuela Normal y el Colegio Nacional de Prácticas adoptaron una configuración en forma de U, mientras que la residencia de estudiantes presentaba una disposición en V, con un patio interior como elemento de relación entre las distintas piezas.
Entre los aspectos más destacados del edificio se encontraba también su estructura de hormigón armado y la relación entre los elementos constructivos y la funcionalidad de los espacios interiores. Los balcones vinculados originalmente a las habitaciones de estudiantes constituían uno de los elementos que reflejaban esa conexión entre diseño y uso.
El inmueble experimentó diversas intervenciones posteriores que adaptaron sus espacios a nuevos usos. Entre ellas se encontraron una reforma para oficinas en 1989, una actuación vinculada a la instalación de una escalera de emergencia en 1995-1996 y una ampliación y redistribución realizada en 1999. Estas transformaciones modificaron parte de la configuración inicial, aunque el edificio conservó elementos esenciales de la propuesta arquitectónica concebida a finales de los años sesenta.
Para el decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Huelva, Francisco Rodríguez Pantoja, el Día Mundial de la Arquitectura constituía una oportunidad para reivindicar el papel de esta disciplina en la configuración de la vida cotidiana.
En este sentido, defendió una arquitectura útil, habitable y flexible, capaz de adaptarse a los cambios en las necesidades de las personas y de prolongar su funcionalidad a lo largo del tiempo. La distinción Docomomo se enmarcó precisamente en esa mirada hacia el patrimonio de la arquitectura moderna.
La organización, dedicada a la documentación y conservación de edificios y conjuntos vinculados al Movimiento Moderno, había incorporado el inmueble de la Universidad de Huelva a su catálogo como reconocimiento a sus valores arquitectónicos y a su interés dentro del patrimonio arquitectónico español. La entrega de la placa permitió así recuperar la atención sobre un edificio que había formado parte de la historia arquitectónica y educativa de Huelva y que, tras sucesivas transformaciones, había continuado desempeñando una función institucional dentro de la Universidad.
El reconocimiento también abrió una reflexión sobre la conservación y puesta en valor de algunos de sus espacios, entre ellos el aula magna, la sala de grados y el salón de actos, así como determinadas zonas de la última planta que habían quedado pendientes de rehabilitación.





