InicioOpinión

Venganza

· 2 min · José Campanario

A todos los que promueven las guerras
porque no hay venganza más dura
que perdonarle la vida a un asesino.

Estaban inmersos en una espiral

girando venganza de los que se habían vengado

de los que se vengaron

de la anterior venganza.

Era una fuerza que expulsaba

un odio tan fuerte y tan agrio

que vomitaba venganza,

la venganza ciega contra todos

los que se habían vengado

de los que antes se vengaron.

Eran un vómito vengativo

que apestaba a odio retorcido.

Los lobos, muy bien resguardados en sus madrigueras,

protegidos de todo el peligro,

aullaron venganza las siete noches de la luna llena,

empujando los cachorros a una noche fría

donde esperaban lunas recrecidas

con finas guadañas.

Lloraban las hienas gritando venganza

mintiendo su risa. 

Y los cuervos buscaron paisajes

donde hacer sus nidos y criar sus crías,

al ver que la venganza era mal nacida.

Entre los escombros había

montones de cuerpos llenos de venganza,

de sangre y cenizas y vidas perdidas,

de dolores mudos, de vista cegada,

de sangre reseca, brazos amputados,

cráneos aplastados y balas malditas.

Venganza que vuelve, que gira,

que arroja veneno para sobre las pupilas

de gente inocente que buscan el perfume

de flores marchitas

cubiertas de estiércol, de arena sucia,

sueños olvidados y promesas vacías,

de vida cortada por frías cuchillas.

Sonaban metralla, bombas y venganza

sembrando los campos de ausencia de vida.

Los grillos, pensaron que venía el invierno,

y sus voces rotas sembraron venganza

durante diez días.

Y cayeron bombas, destrozaron piernas,

sembraron dolores y la gente gemía,

mientras los culpables, en sus madrigueras,

con calma comían

manjares salidos de cuerpos inertes

de los que creyeron todas sus mentiras.

Y al final, las madres teñidas de rojo,

escondieron el luto y las tijeras finas,

guardaron su venganza esperando a los lobos que iniciaron la lucha.

Comentarios

    Relacionadas

    El freno que falta. Andalucía se digitaliza a toda prisa, pero se olvida de protegerse

    · 5 min · Xavier Pardell

    Artículos relacionados