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Hace 90 años: Manuel Barrera Macías, sindicalista cantinallero defensor de los trabajadores del campo, asesinado en Brenes

· 12 min · Ramon Barragán

Manuel Barrera Macías nació en Cantillana en 1892, hijo de Manuel Barrera Vela y Juana Macías Palma, estaba casado con Antonia Díaz Lozano. Tenían su domicilio en la calle San Bartolomé, núm. 80 y tuvieron cuatro hijos. Trabajaba en el campo como jornalero y líder anarcosindicalista de Cantillana.

La proclamación de la Segunda República tuvo una acogida popular formidable, con gran entusiasmo para la mayoría del pueblo, a pesar que en la elecciones del 12 de abril de 1931 Cantillana dio la  mayoría a las candidaturas monárquicas, que obtuvieron ocho concejales, todos ellos miembros de la élite social y económica de la localidad por ser propietarios de tierras; de los candidatos socialistas y republicanos solo fueron elegidos cinco, entre ellos Manuel Barrera. Estos concejales no tomaron posesión  de sus cargos, pues las elecciones se repitieron el 31 de mayo del mismo año, tal como ocurrió en 69 municipios de la provincia de Sevilla, que habían planteado protestas o alegaciones contra las elecciones del 12 de abril. Se formó una Comisión Gestora formada por los socialistas y republicanos, siendo presidida por José Pueyo Solís, el candidato socialista más votado en abril (299 votos). Juan Arias Rivas, representante de la élite cantillanera, dejaba de ser alcalde. Comenzaba un tiempo de cambio de libertad y esperanzas.

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Edificio rehabilitado del Sanatorio, creado por Pedro Vallina Martínez
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En el nuevo Ayuntamiento, una vez constituido el 6 de junio, Manuel Barrera asistió a todas sus reuniones   las eran semanales, los sábados a las diez de la noche, hora habitual de las reuniones. La actividad municipal no puede calificarse de revolucionaria, fue un Ayuntamiento democrático, que practicó una política reformista, de carácter moderado, aunque muy apegada a los problemas de los vecinos, a los que intentaba beneficiar por todos los medios legales o con visos de  legalidad, y que sin rencor, ni revanchismo, contó con todos a la hora de gobernar y formar las comisiones municipales, en la que participaron también la patronal agraria.

En las reuniones semanales del Ayuntamiento, el tema de la crisis obrera, por el paro estacional sufrido por los trabajadores del campo, a pesar de ser tratado con mucha frecuencia con las soluciones que eran posibles en cada momento, provocó una crisis en la vida política municipal, debido, posiblemente, a la radicalización de las posturas ante esta situación por la falta de respuestas rápidas y  eficaces y por los obstáculos encontrados. El 16 de enero de 1932 dimiten, por éstas y otras causas no expuestas en el acta de ese día, Manuel Barrera, Basilio Camacho, Manuel Solís, Manuel Macías y Jesús Espinosa. Las dimisiones fueron aceptadas en el Pleno del día 23 del mismo mes y, en virtud de la consulta efectuada al Gobernador Civil de la provincia, se realizaron elecciones parciales en día 28 de febrero del mismo año. Fueron elegidos cinco nuevos concejales socialistas.

Los dimisionarios, excepto dos, desvinculados del PSOE, decidieron la reorganización de la  CNT en Cantillana. Esta organización sindical, tuvo una fuerte implantación en Cataluña, Levante y Andalucía, y muy especialmente en Sevilla. En Cantillana el anarcosindicalismo estuvo presente desde 1914, al haber constancia de la existencia de una asociación de Agricultores y Oficios Varios «Armonía», cuyo objeto era «la defensa de intereses de la clase obrera». Era un Sindicato Único local, tal como correspondía a localidades pequeñas dentro de la organización cenetista. De esta forma a partir de 1916, en Cantillana existirán ya los dos sindicatos, CNT y UGT, pues ese año se organiza en Cantillana la asociación El Progreso, con la finalidad de «mejora de la clase», de orientación  socialista, la cual en 1918 se transforma en el Centro Obrero de Agricultores y Oficios Varios «La Regeneración», adscrita ya a la UGT. Fue en 1916 cuando la UGT y la CNT convocaron la primera huelga general con la participación delos obreros del campo de esta comarca. En 1919, el anarcosindicalismo estaba implantado en todas las localidades de la Vega Media, por lo que estuvieron presentes en el Congreso de la Comedia de la CNT.  Jacques Maurice (1990), con motivo del II Congreso de la CNT en Madrid, proporciona los datos de afiliación a las organizaciones cenetistas en la comarca: Alcalá del Río contaba con 130 afiliados; La Algaba, 140; Brenes, 550; Burguillos, 150; Cantillana, 400; La Rinconada, 140; Tocina, 300, y Villaverde del Río, 400. Posteriormente, la Dictadura de Primo de Rivera llevó a cabo una brutal represión contra  la CNT, que lleva a la clandestinidad y desorganización de muchas de sus organizaciones locales, como como fue el caso de Cantillana.

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Obrero socialista o habían pertenecido a las organizaciones cenetistas del pueblo, recuperándose la tradición anarcosindicalista del municipio, llegando a tener 413 afiliados.

Manuel Barrera era un gran orador, según todos los que lo recuerdan. Se reunía frecuentemente con Pedro Vallina y con Antonio Rosado en el Sanatorio Vida, según testimonio de familiares de Rosado, que por aquellas fechas vivían en Cantillana. Otros cenetistas destacados fueron: Francisco Palomar (Paco el Tate), Jesús Espinosa Fernández (Aceituno), Lorenzo Lozano Espinosa (el Pelón), José Plata Pérez (Comino), que en 1936 era el secretario de la organización, y Joaquín Naranjo, que lideraba las Juventudes Libertarias y era panadero. La sede de las Juventudes Libertarias debió estar en el mismo local de la CNT.

Cuando se produjo el intento fallido de golpe de Estado del 18 de julio de 1936, que inicia la guerra civil,  y Queipo de Llano se hizo con el control de la capital sevillana, el pueblo de Cantillana, al igual que ocurrió en los demás pueblos, siguió mayoritariamente al Comité Antifascista de Defensa de la República que se constituyó el mismo 18 de julio, cuando llegó la noticia que lo cambiaba todo a partir de aquel  momento. Los miembros del Comité fueron: José Pueyo, Manuel Barrera, Jesús Espinosa, Manuel Corro, Lorenzo Lozano, José Marroco, José Plata, Santiago Marroco y Benito Camacho. Hombres comprometidos con el pueblo, que procedían de todas las organizaciones obreras de Cantillana: fue un Comité unitario, que aglutinaba los sentimientos e ideas de todos los demócratas.

Además de la constitución de patrullas para vigilancia y para requisar las armas que pudieran estar en poder de vecinos, especialmente los más ricos, la Ermita de San Bartolomé se convirtió en el economato municipal, pues —ante el temor del momento— las tiendas habían cerrado, por lo que decidieron garantizar el abastecimiento de la población. Antes, el 20 de julio, un grupo numeroso de vecinos sacaron las imágenes de la ermita, consiguiendo Manuel Barrera, dado su prestigio popular, y otros vecinos, entre ellos Antonio Ferrera Ríos y Francisco Merino Campos, que las de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. del Consuelo fuesen respetadas y llevadas a las casas de los mayordomos de sus respectivas Hermandades. Otras imágenes, las llevaron a la Alameda, y allí desaparecieron destrozadas o quemadas. Sin embargo ningún derechista, ni miembro de la élite cantillanera sufrió malos tratos, ni fue detenido.

Años más tarde, en 1940, las autoridades municipales franquistas describen el hecho, dándole fecha de 20 de julio de 1940, de la siguiente forma, que copio literalmente sin enmendar las faltas de ortografía: «Por las ordas marxistas fue destruida todas las Imágenes; retablos, objetos de culto, hornamentos y demás enseres de la Ermita de San Bartolomé, que fueron incendiado en el campo a la Espalda de dicha Ermita, sin que sufriese desperfecto el edificio, el cual fue convertido en Economato de las fuerzas revolucionarias para surtir de biberes a la localidad». Así consta en la llamada Causa General, mandada a hacer por Franco. No se enumeran personas sospechosas, pues se dice expresamente, en el documento citado, que «se ignora», y no se menciona nada sobre imágenes que fueron respetadas, ni nada sobre los tres cantillaneros que lo consiguieron, aunque, eso sí, habían sido victimas de la represión militar-fascista en 1936.

militares cantillana
Entrada de tropas en Cantillana

El 30 de julio de 1936 Cantillana fue violentamente ocupada por la columna militar de José Gutiérrez Pérez: la muerte y el terror se hacían presentes en un pueblo donde las autoridades y los vecinos habían respetado la vida de todos, pues ningún derechista, ningún terrateniente habían sufrido malos tratos. En la entrada al pueblo por la Carretera de Lora (calle Esperanza entonces, actual Avda. Andalucía), los soldados matan a dos vecinos, de 12 y 20 años, y dos fueron heridos, de los cuales uno muere en la ambulancia que los llevaba a Sevilla. En calles interiores matan a tiros otros dos, uno de ellos el médico Diego Sarmiento. Mientras ésto ocurría unos 200 detenidos llegaban al cuartel de la Guardia Civil, ubicado junto a la Ermita de la Misericordia, donde eligieron a 10 hombres, siendo asesinados (ejecutados extrajudicialmente) en el Barranco nueve de ellos, pues uno logró escapar, aunque posteriormente sería asesinado en La Rinconada. Todos los demás detenidos fueron encerrados en locales convertidos en cárceles, uno de ellos la sede de la CNT junto a la Torre del Reloj y otro en la Administración de Consumo. El pánico se apoderó de todos los vecinos. Muchos de ellos ya habían huido y otros lo hicieron entonces, uno de los huidos fue Manuel Barrera. Se escondió cerca de Cantillana, en Fuente Luenga. Su hermano Joaquín, conocía el lugar e iba cada dos o tres día a llevarle comida y ropa y le informaba. No obstante, quedarse escondido, sin huir a lugares más lejanos, era una temeridad, porque sabía que lo buscaban. Todos los días grupos armados de Falange, acompañados de cazadores y su perros, recorrían Viar en busca de fugitivos. Y en más de una ocasión lo hicieron junto a falangistas de otros pueblos de la sierra para que la batida tuviese mayor amplitud y profundidad. Oír tiros a lo largo de la ribera del Viar era corriente en aquellos días, según testigos presenciales. Por esas y otras razones, muchos vecinos de Cantillana, más de noventa, se marcharon a los pueblos de la Sierra Norte u otras localidades andaluzas para comenzar desde allí una aventura que les llevó a Madrid y otras localidades de la zona republicana y a la incorporación, en su mayoría, a las Milicias Antifascistas de las organizaciones obreras y al Ejército Popular de la República posteriormente. Manuel, no lo hizo, volvió a Cantillana, después de algunos días de temor y dudas, creyendo que no le iba a ocurrir nada, tal como todos en su familia creían, incluso su hermano,  pues los falangistas les habían hecho llegar ese mensaje, pero no fue así: fue encarcelado y, posteriormente, asesinado sin ninguna piedad, aunque todos reconocían su valía y admiraban su personalidad, su forma de ser. Este engaño fue muy doloroso para toda la familia, que nunca comprendieron la villanía y la traición de los que les dijeron que respetarían su vida.

Fue en la madrugada, como era habitual, del día 27 de agosto, cuando le llegó el turno a Manuel Barrera Macías: lo sacan de la cárcel habilitada del pueblo, lo trasladan a Brenes y en el cementerio viejo de dicha localidad lo asesinan por aplicación del Bando de Guerra, dejando su cuerpo expuesto para que lo vieran todos, sin permitir que nadie lo enterrara, ni siquiera a un miembro de su familia, que así lo solicitó. Tenía 44 años. Fue enterrado en en una fosa común junto a otros siete hombres: cinco vecinos de Brenes: Juan Cervera Rueda, Miguel López Robles (natural de Cantillana), José Martínez Rodríguez, Manuel Rodríguez Castellano y Genaro Romero Cortés; otro vecino de Cantillana: José Ferrera Ríos, y uno de La Rinconada: Juan Ramos Mestranza. Actualmente no existe ya ninguna fosa visible, pues todo el solar del cementerio viejo está ocupado por casas y calles que conforman una barrida de Brenes, por lo que es imposible la exhumación de los restos mortales de los que allí fueron enterrados, después de ser asesinados (ejecutados extrajudicialmente) por aplicación del BG.

En su acta de defunción, registrada el 9 de septiembre de 1939, a instancias de su viuda, aunque respetando, como en todos los casos, la fecha de su muerte, de su vil asesinato, constando como causa aquello de «en la lucha nacional contra el marxismo», tal como aparece en otras actas de defunción. Su mujer, Antonia Díaz,  como tantas otras mujeres, tuvo que trabajar para sacar adelante a sus hijos.

Manuel Barrera será siempre recordado en Cantillana como un buen hombre íntegro y cabal, siendo muy querido por el pueblo, por los trabajadores, pues a la defensa de sus intereses consagró su vida, de forma pacífica, con la dialéctica de la palabra: era un excelente orador y su lema era la unidad de la clase obrera: «El día que los obreros estemos unidos, nadie podrá con nosotros», me dicen que repetía una y otra vez. No solo era querido y admirado en Cantillana, sino en Villaverde, Carmona y otros pueblos, donde lo llamaban para los mítines: sabían de su capacidad de convencimiento, de su claridad de ideas en la lucha a favor de la clase obrera y de lo que había que decir en cada momento.

Cuando se subía al escenario, «hablaba a la gente sin papeles y el escenario se venía abajo», como muestra del entusiasmo que causaba en los que lo oían. Su valentía y su inteligencia estaban más que probadas: en sus acciones y en sus palabras. En cambio a sus asesinos no le importó nada: era un dirigente sindical, un anarquista. No hubo misericordia ni justicia alguna. Tampoco la hubo para otras 66 víctimas de la barbarie militar-fascista, que fueron asesinadas por aplicación delbando de guerra, sin juicio previo. Además de estos 67 asesinados (62 hombres y 5 mujeres), la represión en Cantillana acabó con la vida de 84 personas, pues a los anteriores hay que sumar 3 desaparecidos o en paradero desconocido, 6 muertos en prisión o al salir de ella, 7 soldados republicanos y uno, por otras circunstancias. Todos ellos merecen nuestro reconocimiento y el recuerdo permanente, pues lucharon y murieron por la libertad y la democracia.

Fuentes principales

  • BARRAGÁN REINA, Ramón. CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. La brutal represión franquista en un pueblo sevillano, Ed. Muñoz Moya, Brenes, 2006, pp. 55-59,64,71,103-104.130-131, 139, 151, 157, 269, 257, 273-274.
  • MAURICE, Jacques, El anarquismo andaluz. Campesinos y sindicalistas, 1868-1936, Crítica, Barcelona, 1990, pp. 52-57.
  • VALLINA MARTÍNEZ, Pedro, Mis memorias, Centro Andaluz del Libro, Sevilla, 2000.
  • AMC (Archivo Municipal de Cantillana) y ADPS (Archivo de la Diputación Provincias de Sevilla)
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